Por Sebastián Palacios

Luego de un pésimo comienzo de año de la mano de Marcelo Gómez, en el que el equipo no le encontraba la vuelta y sufría muchas limitaciones, tanto físicas como futbolísticas, la dirigencia tomó rápidamente cartas en el asunto y decidió prescindir de los servicios de Negro Gómez y compañía -en la previa del Clásico de Cuyo y el debut por Copa Libertadores-, para confirmar el retorno de un viejo conocido: el tan criticado, Lucas Bernardi.

«Necesitamos alguien que conozca el club y el plantel», expresaba el Gato Oldrá en la antesala del encuentro frente a San Martín de San Juan, dando indicios de quién podría ser el elegido para quedarse con el buzo de DT. Horas antes de comenzar el partido, Lucas Bernardi llegó a la vecina provincia para presenciar el encuentro en el Estadio Hilario Sánchez y estampar la firma que lo haría cargo de un plantel joven, destruido anímicamente y sin mucho recambio, con todo lo que ello implica para afrontar triple competencia.

Llegó el debut frente a Olimpia por Copa Libertadores y el equipo comenzó a mostrar cambios, al menos en el orden táctico: recibió al favorito del grupo con un 4-3-2-1, dando la nota con la inclusión de Jalil Elias por el lateral derecho y la presencia de Ezequiel Bullaude como titular. La idea se plasmó en neutralizar el ataque paraguayo, y así fue: Ramírez no sufrió pero Godoy Cruz resignó el arco de enfrente, por completo (no tuvo situaciones de riesgo).

Una seguidilla de empates; una clasificación agónica por Copa Argentina, frente a Deportivo Armenio; y una victoria sobre Patronato, aparentaban que el rumbo de esta nave se enderezaba. El rendimiento era por demás discutible, y dejaba entrever que el golpe de realidad podría ocurrir de un momento a otro.

Una mala organización de Superliga, dejó expuesto a Godoy Cruz a una seguidilla de partidos que le costarían caro. Bernardi dispuso de un equipo alternativo para visitar a Belgrano, prácticamente descendido, resguardando a los titulares para visitar a Olimpia, tan solo dos días más tarde. En ambos encuentros, el equipo mostró una imagen deplorable y acumuló dos derrotas, que dejaron al entrenador en el foco de las críticas.

Sin tiempo que perder, el Tomba visitaba a Patronato por la Copa de la Superliga pero volvió a evidenciar su déficit futbolístico: jugó un pésimo partido, y una situación de peligro le alcanzó para traerse un empate a Mendoza. En la revancha frente al Patrón, Bernardi comenzó a mover piezas. Introdujo un ‘mix’, de lo que hasta ese entonces eran suplentes, y fue ensamblando los engranajes de este Tomba. El ingreso de Kevin Gutiérrez fue clave para darle un orden, esa pausa que no estaba teniendo, y convertirse en el socio ideal de Andrada; y pudo encontrar en Merentiel una alternativa válida de ataque.

Bernardi le devolvió la confianza a sus jugadores

Es por eso que para enfrentar a Sporting Cristal, en un duelo clave para la clasificación, el DT apostó por 5 jugadores de la casa (Ramírez, Aleo, Andrada, Burgoa y Bullaude), y no le defraudaron. Ramírez volvió a demostrar el nivel que tuvo a principio de torneo; Aleo se consagró como jugador de primera, demostrando todo el potencial que tiene para dar por el andarivel izquierdo; Andrada como eje y guía del medio campo; Burgoa pidió siempre la pelota para jugar y hacer jugar al equipo; y Bullaude, con un despliegue excepcional, cumpliendo con la labor que le habían designado. Triunfo, cómodo, por 2-0 sobre el elenco Peruano.

Llegó la llave ante Boca, y el equipo ratificó la mejoría. En el partido de ida jugó un buen primer tiempo, y en el segundo tiempo lo acorraló en un arco al Xeneise, que tuvo que mandar lo mejor que tenía en el banco para llevarse un triunfo -polémico-. En la vuelta, el técnico decidió ir a La Bombonera con un equipo netamente alternativo, incluso se dio el ‘lujo’ de hacer debutar al juvenil, Franco González, quien lo hizo de gran manera. Lo que en la previa parecía ser una locura,  terminó siendo «acertado», ya que por un momento estuvo muy cerca de ponerse a tiro de la clasificación, pero el local sacó toda la jerarquía para liquidar la serie.

Este pasado jueves, Godoy Cruz volvió a dar la talla consiguiendo una victoria que le otorgó la clasificación a los octavos de final. Bernardi planteó el partido acorde a la situación. Contrarrestó todo lo que entró al área, anuló con ese ‘triangulo’ que propuso en el medio campo, a un Campanil que venía a buscar la victoria y que no pudo ni siquiera ocasionar situaciones de peligro. Luchó cuando había que luchar en la mitad de la cancha y, por momentos, se animó a jugar, de la mano de Gutierrez-Burgoa. Aprovechó cada salida para lastimar con las proyecciones por las bandas de Aleo y Elias, y generó daño con los desequilibrios de Ángel González y el Gato Lucero.

El Tomba revivió como un ave fénix, de la mano del ‘criticado’ Lucas Bernardi. De quien nadie se esperaba que lograra levantar a un plantel sin Norte. Un entrenador que no le fue bien en ningún otro club, sólo en Godoy Cruz. Donde pudo transformar un mal momento en una página más de historia, de historia ‘posta’ como dicen sus hinchas, posicionándolo entre los 16 mejores equipos del Continente.