Por Gustavo Pinto

Independiente Rivadavia es, quizá, el equipo más sincero que hay en competencia por el segundo ascenso a la Súperliga del fútbol argentino. La Lepra es lo que se puede observar así nomás, al primer golpe de vista. No esconde nada; muestra todo lo que tiene de una sola vez. Así, de golpe. También como muestra fiel de que está sobrepasado de sus real potencial. La Lepra, en una ráfaga, es capaz de hacer alarde de sus importantes atributos e inmediatamente después, a la jugada siguiente, puede desnudar, con la misma naturalidad, la peor de sus miserias. Es genuina por donde se la mire.

Ahora, lo que nadie hubiese imaginado es lo que quedó en evidencia tras la derrota ante Sarmiento de Junín en el Bautista Gargantini. En 90 minutos, el ‘Kiwi’ le iba a dar el masazo más inesperado: transformó en inservible, en inútil, uno de los atributos que más se le había elogiado a este equipo como la intensidad.

Galanterías del periodismo y también de los rivales de turno ponderaban al ‘intenso’ Independiente Rivadavia de Gómez –el mismo entrenador reconoció ser el principal talento de sus dirigidos-. La Lepra goza de una impecable condición física que le permite proponer un constante desdoble en la marca, es un equipo que te come los talones y que corta con asombrosa velocidad todo circuito de juego en zona de gestación. La jugada siempre llega sucia a los últimos metros y allí los defensores tienen gran parte del trabajo resuelto. Esto es lo que mejor hace el Azul.

Pero claro, esto sirve en tanto y en cuanto el equipo que tengas parado enfrente tenga la decisión de disputar el partido, de discutir la tenencia del balón o la imposición de condiciones. No fue el caso del Sarmiento de Junín que vino anoche a Mendoza –sí el que vino por la fecha 19 y la pasó mal en el Gargantini-. Delfino, viejo zorro del ascenso, salió decidido a no cuestionarle prácticamente en ningún momento del partido la posesión del balón a Independiente. El Kiwi fue lo suficientemente inteligente para no meterse en un terreno donde se reconocía de antemano inferior al Azul o donde no estaba interesado en embarrarse. Y aquí es donde sembró un mar de dudas en el local, que no lograba entender la no-resistencia de la visita. Y aquí es, entonces, donde la virtud se transformó en inservible.

Independiente se predispone para jugarlo así al partido: necesita de esa puja, necesita ‘guapear’, requiere que el adversario oponga resistencia. Sarmiento no lo hizo y dejó pasmado a un Azul que, tras encontrarse en ese impensado escenario, se vio obligado a vestirse de ‘protagonista’ y ese traje sabemos que no le sienta para nada cómodo. Doble punto a favor del planteo de Delfino.

Ahora el interrogante quedó abierto para la revancha. ¿Tendrá el coraje necesario Sarmiento para tomar esta misma postura ‘de espera’ ante su gente? Delfino sabe muy bien que ahora el problema es de Independiente Rivadavia, sin embargo, el Verde viene siendo muy cuestionado por su gente, que esperará un poco más del equipo. La Lepra, mientras, sabe que está obligada a vestirse de ese incómodo traje de ‘protagonista’ porque solo queda un cartucho por quemar. ¿Tendrá Gómez un plan para que esa ‘pilcha’ le siente un poco más holgada a este Independiente en Junín?

Las cartas están sobre la mesa. Gómez ya perdió el ‘envido’ y sabe que solo le queda el ‘truco’ para dar vuelta la historia.